domingo, 9 de marzo de 2008

Misteriosa Necesidad.

Inevitable es imaginar tu cara, tus gestos, tu mirada, mis oídos perturbados por un ruido plástico parecen escuchar el movimiento de tus dedos.
Trato de imaginar tus ideas y tus movimientos, tu ansiedad y tu paciencia, esas palabras tan pensadas por momentos empapadas de un intenso miedo que quiebra las líneas.
Instantes en que pareciera que los dedos escriben lo que la mente quiere decir o lo que los ojos quieren leer…y no lo que hay que responder…, esa espontaneidad única que se percibe con lejanía.
Y ese nombre tan dulce que tiene personalidad propia, incluyendo la soledad misma, esa soledad que siento tan cerca.
Y lo extraño es conocer mucho en tan poco, lo asombroso es la necesidad del conocimiento mismo.
Y en esos momentos en los cuales pienso cómo no perturbar, cómo no invadir, cómo no ahogar esa primera imagen, en esos momentos olvido mostrar mi identidad, una vez más el miedo esconde mis deseos, y quizás, me hace perder hermosos instantes…
Como negar las ganas de mirar tus manos sin teclas, tu sonrisa sin dibujo que la represente, un desacuerdo sin apurar las líneas, un abrazo que muestre compañía, una caricia que entienda, una mirada que hable.
Y las ganas de conocerte se nublan en la inseguridad y el miedo personal, y se paralizan los días por el temor a que se triture la imagen creada por mi mente y por la tuya.
Hoy sigo eligiendo esta compañía artificial, que logra llenar varias tardes y quizás algunas noches. Seguramente mañana, nada podrá comparar tardes de charlas, una taza de café vacía, la necesidad de verte, un abrazo en el momento esperado, una caricia que muestre, y el compartir tus sueños y deseos, los cuales sólo podré leer en tus ojos.