domingo, 16 de marzo de 2008

El verdadero cielo.


Ese día la esperanza se apoderó del miedo, ese día creí que lo irrecuperable podía reconstruirse con inútiles palabras, pude abrir los ojos e imaginé una estrella, creí ver su brillo y me arriesgue a conservarlo en mi pupila. Una marca puede ser letal pero aun más una molesta cicatriz.
Con el alma quebrada y tratando de quitarle el afecto a ese significado artificial, decidí cambiar mi camino y dejar de soñar. Cerré los ojos y me dejé caer por lugares que ya ni recuerdo. Años pasaron en dos meses, y esa hermosa tarde mis ojos menguaron para ver aquel oasis, corrí como quien no quiere perder eso tan deseado y sentí alcanzarlo, me pareció estar bien cerca, mis ojos pudieron abrirse y una leve sonrisa iluminó mi rostro. Percibí una luz y la curiosidad me inundó. Estiré mi mano y las sentí tan cerca que hasta creo haberlas tocado, se sentían suaves y armoniosas, cuidando de mi pasado e iluminando mi futuro, estoy segura de haber sentido eso…
Desperté algunas horas después en un extraño lugar, todos tenían ideas y deseos distintos, todos ansiaban ese esperado momento.
Ahí estaba él, yo necesitaba su compañía, y aunque interiormente estaba sola como desde hacia tiempo, su presencia me dio seguridad y me brindó confianza. El paso era importe, mi cicatriz dejaría de existir.
Y el momento llegó. Y esa cicatriz comenzó a sangrar, el corazón se desintegro, y… mi alma, ya ni recuerdo que ocurrió con ella…
Minutos después, mi cicatriz desapareció, sentí un fuerte abrazo y tres estrellas con luz propia comenzaron a iluminar mi nuevo camino.
Hoy tengo tres razones que me ayudan a ser, hoy mis tres estrellas no me dejarán perder.