jueves, 13 de marzo de 2008

Alto

Es tiempo de siembra y la tierra vacía a los ojos, augura una larga espera.
Mirar al frente es pensar en una despedida que nadie está dispuesto a enfrentar.
La silla vacía grita aquellos sueños que se van guardados en ese morral.
La alegría de aquella partida está bien lejos de ser felizmente disfrutada.
Cómo podrá disfrutar de lo que aprendió que era lindo?
Cómo le podrá pedir amor al viento?
Los recuerdo se guardarán en aquel oscuro cajón que nadie va a volver a abrir, porque hasta los más valientes le temen a las lagrimas.
Qué cobarde parece el fuerte a la desolación. Nadie se atreve a decir adiós.
El holograma está mostrando las letras de agradecimientos y a la vez sus coloridas rayas, esas rayas que sólo puede ver el que despide.
Qué horizonte tan difuso quiere visualizar?
Qué avión quiso alcanzar?
Allí se queda con su cabeza gacha y sus deseos guardados en lo más profundo de su alma.
Alguien le ha contado el final equivocado?
Sus dedos marcarán distintos números que llenarán las mismas cuentas vacías.
La vida seguirá siendo la misma pero a la vez una muy distinta. La misma que vive en su más profundo silencio y dolor.
Levantando la maldita bandera blanca su resignación sigue pidiendo amor.
Sólo podrá vivir otra vida lejos de aquella despedida.
Cuántos sueños enterrados en aquel lugar...
Cuánta felicidad se ha dormido en esa carta de confesión.
Esperando que sus días le cuenten otra verdad, sigue llegando al mismo lugar donde creyó que allí encontró su felicidad.