miércoles, 19 de marzo de 2008

El tiempo escurridizo


Una perfecta tormenta puede deleitarse en soledad, en el más profundo silencio reflexivo y a la vez fatigado de anhelar paisajes soñados.
Agua danzando al compás de cada parpadeo y relámpagos desnudando la más deliciosa oscuridad.
Todo se contamina con agraciadas cortinas movedizas que limpian miserias y alimentan el barro que brota con admirable impunidad.
La luna permanece oculta como ignorando tal evento y sacude a las estrellas, que muy sarcásticas le susurran al sol, la canción de cuna más dulce y armoniosa que pudieron retener.
Y una vez más ese tren que se lleva cada minuto e intenta fragmentar las sabrosas gotas.
Todo se deshace y la noche se escurre entre los delgados dedos. Un ruido parece no alterar la velocidad del pensamiento.
Se ablandan las pisadas y todo parece cobrar suavidad, el pasado raso abruma el futuro efímero y poco deseado.
El viento parece purificarlo todo y el letargo aparece hasta la próxima tormenta, hasta ese próximo paisaje soñado.