El tren es el único que quiebra el asombroso silencio de la noche, aunque nunca ha logrado quebrar mi noche silenciosa, mis noches me llevan una y otra vez a mis sueños, sueños a los que no quiero renunciar, porque siguen siendo el motor de mis pasos, ellos son los que me dan la razón de mi despertar y la fortaleza para continuar.
Ventanitas con tenue luz que delatan algún melancólico, alguien que ha olvidado apagar su luz, alguien que le teme a la oscuridad, que tontería!
Las copas de los árboles no me dejan ver las veredas, que podría encontrar a esta hora? mucha oscuridad y tristeza por las calles.
Ya no pasan los pájaros que alguna vez perseguí con mis ojos, ya no se ve el sol que quema mis pupilas...
Y como rogándole al cielo, ilusiono que te encuentro, que tus ojos me hablan el idioma que sólo yo entiendo, que me piden amor, ese amor que alguna vez confundí, ese amor que inventé y viví con euforia. Descubrí que dos semanas pueden ser una vida, y eso me lo enseñaron tus ojos, los que hablan el mismo idioma que los míos.
El tiempo pasa muy rápido pero cuando se está tan solo pareciera un reloj de arena húmedo, algo inmóvil que no deja de taladrar el pensamiento.
Y ahí veo la luna tan lejos como siempre la sentí, una luna que nunca me prometió una noche diferente.
Las estrellas con su brillante luz, incomparables a cualquier creación majestuosa, una vez más son las únicas que pueden hacerme volver a dormir, siempre esperando que aparezcas en alguna de todas mis noches silenciosas, para abrazarme y sentir que nos hemos encontrado...