El sonido se alejaba cuando la distancia nos encontraba siendo egoístas, pero se sentía tan fuerte... tan fuerte y armonioso, cuando estábamos bien cerca... Que curioso era...
Aquel laberinto nos alejaba y nos acercaba sin que pudiéramos notarlo, por momentos estábamos tan cerca que una impenetrable pared parecía quebrarse, pero no podíamos sentirlo, estábamos demasiado ocupados en encontrarnos. Aunque tal vez, demasiado ocupados en alejarnos, para poder tropezar con el triunfo del olvido en la palma de nuestra mano.
Podríamos haber perpetuado ese dulce sonido por años, podemos de esta forma, callarlo para siempre y así, lograr con una lágrima quebrada, que aquel ruidoso cascabel nunca más vuelva a sonar.
-----“Siempre un principio puede ser un hermoso final, aunque preferiría que este final sea un hermoso principio.-----