Cada mirada era una de mis confesiones, me sentía desnuda frente a tus ojos mientras los míos viajaban en aquel mundo que día a día me iba imaginando.
Sentirte respirar en mi oído adormecía mi respiración, era la calma que desesperaba mi corazón.
Cuando tu mano buscaba la mía, cuando las mías enloquecían al sentir la piel fundirse ante cada roce… sentía que volaba en un paraíso de ensueños.
Y cada beso sobre mi mejilla, era una nueva aventura en un inesperado oasis.
Aquella tarde mi mirada viajaba como tantos otros días, buscando anclar en tus ojos aquella duda. Con miedo de gigantes y coraje adolescente, dibuje mi pensamiento.
Aminoré la marcha de mi viaje, te miré, te pregunte y esperé…
Tuve miedo de sentir…de sentirte tanto.