Se estremece el alma, el cuerpo cruje, y los pies quedan anclados.
Las risas fingen estados, el tiempo enmudece figuras patéticas ante los ojos de los hábiles ciegos cansados de la misma oscuridad.
Los grises que son negros y los blancos que han desaparecido de escena.
El cielo ha olvidado que los pájaros buscan la profundidad del océano.
Nada tiene sentido lógico, el corazón poco entiende de sus latidos, mecanizado por tradición persigue el ritmo que necesita.
Tocando fondo percibe seguridad, las fuerzas no permiten que el aire deje flotar cualquier ilusión perdida que un alga ha enredado al azar.
Rodando en el mismo lugar, la locura envuelve cada noche, y todos los instantes se convierten en una indestructible burbuja muda.
Atados al mismo globo en distintos cielos.