domingo, 11 de mayo de 2008

Un día distinto

Aunque estos días de incertidumbre sean muy conocidos en mis últimos meses, hoy no se aún explicar como se viven, el desorden y el desconocimiento se aferran a mi miedo y es justamente cuando empiezo a buscar alternativas.
Sin más calles que las recorridas, me encuentro necesitando algo que me devuelva vida, algo que me diga que soy útil para mis días.
Un día tan igual a cualquiera, de esos que no cantan las canciones que mis oídos quieren sentir, lo miré y no pude encontrar nada en sus ojos, ellos ya no quieren que yo entienda su mensaje, y aunque no deje de mostrarme que ahí está, lo siento tan lejos como a mi felicidad.
Terminando la primera parte de mi día, prendo un cigarro y me dirijo al subte que me conduce a la primera alternativa que surgió por casualidad, curiosamente él me acompaña en ese recorrido tan desconocido y una vez más sin quererlo su presencia me brinda la confianza y la compañía que necesito. Unos cuantos minutos juntos, risas, palabras y un mapa.
Nos despedimos, no podía seguir acompañando mis pasos, su recorrido era otro, un recorrido que me conduce a una vida que no me corresponde.
Camine y camine, un mensaje de aliento consiguió que no regalara mi sonrisa a nadie, y me sentí acompañada una vez más. ¿Por qué será que la soledad no quiere ser mi fiel compañera?
Creí estar cerca del lugar que buscaba, me detuve por un café donde para ironizar mis días, asombrosamente le pedí al mozo una lágrima.
Revolviendo una y otra vez esa taza, la espera no me dejaba disolver el miedo y la incertidumbre que me generaba el instante que seguía.
Sorbo a sorbo, degustaba esa interesante sensación que sentía tan nueva como ese nuevo camino que estaba eligiendo. Los autos pasaban rápidamente por detrás del vidrio y se conducían a un lugar desconocido, tan desconocido como esas calles para mí.
Mientras mi pluma se deslizaba, los minutos pasaban lentamente y mi ansiedad parecía devorarme impunemente.
La masita que no quise comer, el dinero que se fue con esa lágrima, y lo que no sabía… lo que venía, nadie me dijo como seguían mis horas.
No había más tiempo, tenía que llegar y enfrentarlo. En pocos minutos mi vida fue otra al menos por tres horas.