...y uno se enamora de esas ganas de verlo por la mañana, de esas calles que se hacen largas hasta llegar al encuentro, de ese escritorio vacío que ocupa futuras miradas, de ese beso con tantas ganas de sentirlo, de cada palabra, de esas sonrisas sorpresivas, del perfume que conserva la estela, de un te quiero “fantasma”, de la mano sobre los papeles, de los mails, los mensajes, de un suspiro, y hasta de la misma filosofía.
De cada mediodía, de ese bronceado que trae una sonrisa y hasta de un empujón en medio de la multitud; de esas ganas de estar tranquilos y de ese esconderse de aquellas miradas tan atentas.
Uno se enamora de esos besos tan dulces sobre la mejilla, de esa mano en el hombro, de cada caricia, de las manos que peinan lo que el viento desordena; del silencio en el momento justo y de las ganas de decirlo todo; de cada canción y de no sentirse solo en momentos ruidosos.
Uno se enamora de cada despedida, de cada abrazo, de cada beso, de ese extrañar tan lindo y de esas buenas noches tan esperadas.
Uno se enamora de saber que al otro día puede volver a enamorarse...
De cada mediodía, de ese bronceado que trae una sonrisa y hasta de un empujón en medio de la multitud; de esas ganas de estar tranquilos y de ese esconderse de aquellas miradas tan atentas.
Uno se enamora de esos besos tan dulces sobre la mejilla, de esa mano en el hombro, de cada caricia, de las manos que peinan lo que el viento desordena; del silencio en el momento justo y de las ganas de decirlo todo; de cada canción y de no sentirse solo en momentos ruidosos.
Uno se enamora de cada despedida, de cada abrazo, de cada beso, de ese extrañar tan lindo y de esas buenas noches tan esperadas.
Uno se enamora de saber que al otro día puede volver a enamorarse...
-----Demasiado es poco, Te quiero Principito, tanto, tanto, tanto... 31/01/09-----