domingo, 3 de agosto de 2008

Sin Luna

Cuando la luna intentaba mostrarse una campanada la dejó sin aliento, se esforzó por disimular su miedo e intentó una vez más atravesar la oleada de nubes que muy herméticas la miraban sin notar su premura.
La luna trató de pedir ayuda y las nubes le sonrieron, pero no se quitaron de su paso, ellas tenían razón suficiente para quedarse inmóviles.
La noche fue luminosa aunque no contáramos con su luz, las nubes supieron armonizar los tonos y regalaron chispeantes sueños. Muchas sonrisas esperaron la aparición sorpresiva, muchas miradas quedaron petrificadas al no verla. El miedo fue inevitable, nada aseguraba que algún día volviera a mostrarse.
La noche avanzó sin sobresaltos, cada uno dentro de su reloj acercaba sus deseos a los contrincantes presentes. Lo cierto es que muy pocos notaron su ausencia.
Cuentan que la luna quiso mostrarse en reiteradas noches, ella es perseverante y está segura que va a lograrlo, no le interesa cuanto tarde, ni el precio que pague por ello. Cuentan también, que las nubes se correrán de su paso cuando un fuerte viento logre la unión de dos personas y con un fuerte abrazo queden expectantes ante su aparición.
El día que esto suceda, no sólo la luna estará satisfecha con su actuación, sino que logrará que dos ojos brillen y se de por cumplido un gran sueño.