Cuánto temor me causabas... cuántas ganas de que no llegaras...Atropellando cada uno de los instantes, supe cubrirme de compañía, intenté creerme la más valiente ignorando tu existencia.
Como quien sabe estar al costado de la más hermosa sonrisa, escapé de cada uno de los momentos en los que podías haberme acompañado.
Y esa noche llegaste... y que difícil fue conocerte... Mis lagrimas se agrandaban a medida que te acercabas.
A fuerza de mucho dolor y pagando un precio demasiado alto, me enseñaste que no sos mas que mi conciencia, mi momento, la lágrima de mi sonrisa, uno de los tantos lados de este famoso cubo...
Y aunque aprendí a llevarte conmigo, debo confesarte que cada noche tengo miedo de volver a encontrarte.